Caballos cruzando el agua poco profunda al amanecer en el Pantanal
Historias

Emocionante, cómodo, divertido: el viaje en familia de Sally al Pantanal Sur

21 de septiembre de 2026

Una familia británica y cuatro días en una hacienda ganadera en plena actividad junto al río Aquidauana, contados por la propia Sally

Sally Heal tiene 48 años, es de un pequeño pueblo del centro de Inglaterra y es profesora, aunque hoy dedica casi todo su tiempo a formar a otros docentes. Su hija llevaba un año viviendo en Chile y ya conocía Brasil, adonde había viajado con amigos.

Durante el invierno chileno, la familia quería calor. Sally, su marido y sus dos hijos, ya adultos (de 20 y 22 años), eligieron Brasil. Costa Rica estuvo sobre la mesa, pero el costo más alto, las rutas aéreas complicadas y la lluvia la dejaron fuera. Era su primer viaje a Brasil y su segunda visita a Sudamérica.

El recorrido empezó en Río de Janeiro, que encantó a toda la familia, y siguió por Ilha Grande antes de volar hacia el oeste, a Campo Grande. Querían ver fauna, flora y cómo se vive en Brasil lejos de las ciudades. Estuvieron a punto de ir a la Amazonía, pero al final eligieron el Pantanal, el humedal de 210.000 km² que se extiende por Mato Grosso y Mato Grosso do Sul. Su marido lo tenía claro desde el principio.

A finales de agosto de 2026, la familia pasó cuatro días en la Pousada Aguapé, un lodge a orillas del río Aquidauana, en un tour por el Pantanal desde Campo Grande organizado por PlanetaEXO y dirigido por un guía local. Esta es su historia. ¡Sigue leyendo!

Sally y su familia a caballo, con casco, en la hacienda del Pantanal

Una hacienda ganadera de verdad, no un hotel de cinco estrellas

Sally esperaba un lodge muy sencillo, y acertó solo a medias. «Era básico, pero mucho más grande de lo que pensaba y mucho más cómodo», contó. La ducha era mejor de lo que imaginaba, y fuera de la habitación la familia tenía espacio para secar la ropa y sentarse a la sombra.

La Pousada Aguapé funciona en una hacienda ganadera tradicional que pertenece a la misma familia desde hace más de 150 años. Tiene 15 habitaciones, piscina y una zona de hamacas. Para Sally, la sencillez era justamente lo que buscaba. «No quiero ir al Pantanal y quedarme en un lugar que parezca un hotel de cinco estrellas, porque para eso me voy a un hotel de cinco estrellas en cualquier otra parte».

Quería el Pantanal en estado puro. «Los armadillos pasaban por el restaurante, los pájaros se posaban en la terraza mientras comías, los tucanes volaban sobre tu cabeza y los guacamayos anidaban a tu lado mientras estabas en la piscina… Fue sencillamente genial».

Un pantaneiro conduce una manada de ganado entre el polvo del Pantanal

La hacienda sigue en plena actividad. A Sally le gustaba observar a los pantaneiros (los vaqueros de la región) «cada uno con su propia montura y con el cuchillo metido en la parte de atrás del pantalón», totalmente a gusto entre los caballos. Sin duda era otra forma de vida, pero tenía algo auténtico, casi poético.

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El guía que se sentó en otra mesa

El primer recuerdo que Sally tiene de Bruno, el guía de la familia, no tiene nada que ver con animales. Llegaron al lodge justo a la hora del almuerzo, y él fue a sentarse en otra mesa. «No dio por hecho que quisiéramos sentarnos con él; esperó a que lo invitáramos a comer y conversar con nosotros. Respetó mucho que fueran nuestras vacaciones, y eso me pareció un detalle muy bonito».

Después llegó la fauna, y con ella su buen ojo. El primer animal que vieron fue un ñandú común, esa ave enorme que no vuela y que en Brasil llaman ema. Bruno lo identificó al instante y hasta supo que era una hembra. A partir de ahí, cada ave venía con su especie y, muchas veces, con su edad.

El guía de la familia junto a la camioneta abierta de safari

En el río no se desconectaba ni un momento y no dejaba de descubrir animales. Sally quedó tan sorprendida que le preguntó cómo hacía para verlos. Bruno le contestó que sabía lo que buscaba: apenas un leve movimiento. Y ella lo resume en una cifra. «No habríamos visto el 80 % de lo que vimos si Bruno no nos lo hubiera señalado».

Bruno y el barquero trabajaban en equipo y maniobraban para que todos tuvieran la mejor vista y la mejor foto. Cuando encontraron monos aulladores, Rafael, del equipo del lodge, intentó imitar sus aullidos, y al hijo de Sally le pareció divertidísimo. Bruno le siguió el juego. «Tiene una enfermedad. Solo nos queda seguirle la corriente y dejar que haga esos ruidos», bromeó.

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Osos hormigueros, tucanes y un lagarto con la panza llena

El primer paseo en lancha empezó con una prueba de nervios: un caimán tendido justo delante de la embarcación. Un miembro de la familia (prometimos no decir quién) pasó un miedo terrible. Los guías lo convirtieron en una broma que se repitió todo el viaje y, de paso, en una lección, porque los caimanes no quieren saber nada de las personas. «Basta con decir “¡fuera, fuera!” y caminar hacia ellos: salen corriendo», explicó Sally.

A partir de ahí, los avistamientos no pararon. Los tucanes volaban alrededor de la piscina, y los armadillos, osos hormigueros, ñandúes y capibaras aparecían en cantidades que Sally nunca había visto.

Un hallazgo se le quedó grabado: un huevo de ñandú, ya vacío, con el lagarto que se lo había comido todavía echado al lado. «Estaba ahí tirado, satisfecho y con la panza llena, junto a un huevo vacío», recordó. «No es agradable, pero fue algo muy curioso».

Oso hormiguero gigante alimentándose en el pastizal abierto

El único animal que nunca apareció fue el jaguar. El consuelo llegó después, de la mano de una familia húngara con la que hicieron amistad en los paseos en lancha. Los húngaros continuaron hacia el Pantanal Norte y le mandaron a Sally «las fotos y los videos de jaguares más increíbles, porque vieron un montón».

Conviene saberlo: las mayores probabilidades de ver un jaguar están en el Pantanal Norte, mientras que el Sur destaca por la fauna de las haciendas, como los animales que vio Sally. En ambas regiones, la temporada seca, de julio a octubre, concentra a los animales alrededor del agua que queda.

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El caballo más grande para la jinete más pequeña

Sally nunca se había subido a un caballo. «Me intimidaba bastante. Y encima me dieron el caballo más grande, y yo mido apenas 1,57 m». Más tarde descubrió el motivo: era el caballo más viejo y más tranquilo de la hacienda.

La cabalgata terminó siendo la actividad favorita de la familia. «Creo que fue nuestro mejor día», dijo Sally. El guía que la dirigía era «genial, divertidísimo», y no paraba de hacer que los caballos de su hijo y su hija fueran un poco más rápido, «solo para sacarlos de su zona de confort y reírse un rato con ellos». Y después la ruta se metió de lleno en el agua.

Vista desde la silla mientras los caballos cruzan el pastizal inundado
Photo: Pousada Aguapé

Lo que Sally más valora es cómo se ve el paisaje desde un caballo. «Estás cerca de los animales y del entorno, y sientes que formas parte de él, en vez de ir dentro de un auto. En el auto hay una sensación de distancia respecto de lo que estás viviendo, mientras que a caballo es muy distinto».

Y le quedó la satisfacción de haberlo logrado: «Al terminar, siento que hice algo que nunca habría hecho en el Reino Unido», reflexionó.

Caipiriñas, postres y seis tatuajes de fruta

La comida del lodge fue, en palabras de Sally, «excepcional». Con dos hijos adultos siempre hambrientos y «un marido al que le encanta la carne», la cantidad importaba tanto como la calidad, y el lodge cumplió con ambas. La sorpresa llegó con el postre: pasteles y dulces que no se parecen a nada de lo que se come en el Reino Unido.

El cocinero de la posada corta carne asada en una tabla de madera

La barrera del idioma nunca impidió las risas. «Ellos se interesaban por nosotros y nosotros por ellos», dijo. «Yo lo describiría como un intercambio de bromas, aunque hecho más con mímica que con palabras».

Una noche, Rosana, que trabaja en el bar, dejó que Sally se pusiera detrás de la barra y preparara caipiriñas para todos. «Bailamos y cantamos, y fue muy divertido». Y detrás había un plan. «Quería aprender a hacerlas para poder prepararlas al volver a casa».

El recuerdo más original se lo dio Rafael, otro guía del lodge. La familia vio un tatuaje temporal en su brazo y le preguntó por él, así que Rafael se ofreció a hacerles unos iguales. Se los hizo con una mezcla de carbón y jugo de fruta que se va borrando a lo largo de varias semanas. Sally se hizo seis. Cuando hablamos con ella, solo le quedaba uno, en la mano que casi no se había lavado. Y el motivo tiene que ver con lo que pasó después.

Un dedo roto y un equipo que no perdió la calma

El accidente ocurrió en el momento menos aventurero del viaje. Después de cabalgatas, caminatas y paseos en lancha, Sally jugaba al voleibol con su hijo en la piscina cuando la pelota «me dio mal». Tenía el dedo completamente roto.

«Nadie podía haberlo previsto. No fue culpa de nadie», señaló. «Piensas en todo lo que hicimos, como montar a caballo o hacer senderismo, y podría haber pasado cualquier cosa. Y no fue haciendo nada de eso. Fue en un simple momento de descanso».

Pasó lejos de todo. «Estábamos bastante aislados en el Pantanal, en medio de la nada, la verdad, y podría haber sido un desastre total». El hospital más cercano quedaba a alrededor de una hora por un camino de tierra. Quien gestiona el lodge llevó a Sally en auto, la acompañó y le tradujo todo. Bruno también ayudó muchísimo en el hospital. «Además, todos estaban muy tranquilos. Nadie entró en pánico, y daba gusto verlo».

Sus hijos se quedaron en el lodge y siguieron con las actividades. «Cuando volví, lo habían disfrutado muchísimo», contó. «[El equipo] convirtió lo que podría haber sido una pesadilla en un día muy agradable para mis hijos y me cuidó muy, muy bien. Quedé muy agradecida».

Sally con la mano y el brazo vendados después del hospital

Aun así, la lesión acortó el viaje. El plan era pasar un par de días en São Paulo y seguir hacia las cataratas del Iguazú. En cambio, Sally volvió antes a casa con su hijo, y su marido y su hija regresaron a Chile para esquiar.

¿Se sintió segura en Brasil? La respuesta sincera de Sally

Antes del viaje, varias personas advirtieron a la familia de que Río de Janeiro y São Paulo podían ser peligrosas. Sally no vivió nada de eso. «Nunca me sentí en peligro. Nunca me sentí incómoda. Fue una sorpresa, pero de las buenas».

Tiene una teoría para explicarlo, y dice tanto del viajero como del país. «Cuando viajo, siempre espero que la gente sea cálida, acogedora y amable. Y creo que parte de eso depende de cómo te comportas como invitado en un país ajeno. Tu forma de comportarte suele determinar cómo te reciben».

En el Pantanal, esa calidez vino acompañada de sentido del humor. «Aunque no hables el idioma, el personal del lodge era encantador y muy divertido», elogió, satisfecha con la atención que recibió su familia.

Los consejos de Sally para un primer viaje al Pantanal

Su primer consejo fue directo: «Viaja con PlanetaEXO». Sus motivos son prácticos, igual que el resto de sus recomendaciones.

Reserva con alguien que tenga acceso a los lodges

Reservar el Pantanal por internet desde el Reino Unido fue más difícil de lo que la familia esperaba. «En realidad no sabes bien qué buscar, no hablas el idioma y no tienes muy claro cómo contactar a los lodges, porque creo que muchos solo trabajan a través de agencias de viajes». Su hija encontró PlanetaEXO en internet, una cancelación dejó libre una habitación cuádruple y la familia reservó apenas tres o cuatro semanas antes de llegar.

Desde ese momento, la comunicación hizo el resto. «Sabía exactamente qué estaba haciendo y qué esperar. Hasta sabía qué ropa llevar». Cuando confundió una regla de equipaje que había leído en otro sitio (solo bolsos blandos y 15 kg como máximo) y le entró el pánico, un solo mensaje del equipo de PlanetaEXO se lo aclaró todo al instante.

Viaja con un guía que hable tu idioma

«Él le dio vida al Pantanal», dijo Sally sobre Bruno. «Sin Bruno, no creo que lo hubiéramos aprovechado ni de lejos igual, y su inglés era excelente, lo que ayudó muchísimo».

En este tour está incluido un guía privado de habla inglesa, además del guía local de habla portuguesa que pone el lodge.

Súbete a un caballo

Aunque nunca hayas montado. Sally y su marido eran principiantes, y aun así fue su mejor día.

Los guías de la hacienda ayudan con cuidado a los principiantes a dar sus primeros pasos a caballo y marcan un ritmo cómodo. Como los caballos avanzan con calma, los huéspedes pueden acercarse muchísimo a la fauna.

Tómatelo con calma

Su último consejo es el que le daría a cualquiera que visite el Pantanal por primera vez. «Tómate tu tiempo y ve sin prisa. Deja que la naturaleza te envuelva, en vez de salir a buscar cosas», recomendó.

Llanura inundada del Pantanal con un ipê rosado en flor
Photo: VisitMS

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Emocionante, cómodo, divertido

Le pedimos a Sally que describiera el Pantanal en tres palabras. Antes, con humor, puso una condición: «Sin mencionar mi dedo roto».

Emocionante, «porque todo el tiempo que estuvimos allí fue emocionante». Cómodo, «y no me refiero solo a que las camas fueran cómodas. Me refiero a sentirse en casa desde el primer momento». Y divertido. «Nos reímos mucho, con la gente y con mi familia. Nos divertimos de verdad».

El hijo de Sally sube a la camioneta de safari, con tatuajes temporales de fruta en el brazo

Lo próximo: jaguares, Fernando de Noronha y las cataratas que se perdió

Brasil le dejó a la familia una lista de pendientes. Su marido quiere ir al Pantanal Norte por sus jaguares. Sally quiere conocer Fernando de Noronha, los Lençóis Maranhenses y las cataratas del Iguazú, que se quedaron fuera cuando la lesión la obligó a acortar el viaje.

Jaguar descansando sobre un tronco en el Pantanal

La familia visitó Río e Ilha Grande, pero el clima no acompañó, así que quieren volver. «Me encantaría verlos con sol», comentó.

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Visita el Pantanal Sur con PlanetaEXO

Tras conocer la experiencia de Sally y su familia, ya sabes cómo recibe a sus visitantes la región del río Aquidauana y lo que te espera en el Pantanal Sur. ¡Solo falta que lo compruebes en persona!

Vista aérea del Pantanal y sus ríos
Photo: Rico

PlanetaEXO es una plataforma de ecoturismo especializada en tours por el Pantanal Sur. Trabajamos con guías y operadores locales con experiencia y nos encargamos de la logística (el traslado desde Campo Grande, el lodge, las comidas y el programa de actividades), para que tu familia se concentre en vivir la experiencia. ¡Contáctanos ahora!